A Plácida no le gustaba ser tortuga y se la pasaba ocultándose entre las plantas. Y así, entre las calas, escuchaba cómo algunos bichos admiraban a las amapolas, a los pájaros, a la luna. “Por qué no seré yo como ellos… no soy alta, no vuelo, no soy luminosa…”, pensaba Plácida. Pero algo sorprenderá al lector, algo de lo que Plácida no se da cuenta

Autota Iris Rivera

Ilustradora Mey

A Plácida no le gustaba ser tortuga y se la pasaba ocultándose entre las plantas. Y así, entre las calas, escuchaba cómo algunos bichos admiraban a las amapolas, a los pájaros, a la luna. “Por qué no seré yo como ellos… no soy alta, no vuelo, no soy luminosa…”, pensaba Plácida. Pero algo sorprenderá al lector, algo de lo que Plácida no se da cuenta

Autota Iris Rivera

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